Con la mirada perdida, yace en
una silla de una terraza, precisamente, su posición, indica que no esta en este
lugar, se ha abstraído. Tiene sus ojos abiertos, pero apenas parpadea.
Su posición recuerda a la de un
lagarto con escasos movimientos, mientras recibe la energía del sol, solo la
lengua aparece y desaparece. El resto esta inerte.
Curiosamente recuerda a algunos
bares donde se toma liquido, se tenga o no sed, se consume de manera pasiva,
tras salir surge la reflexión de que hacemos cosas pero no las sentimos.
Ciertamente nos olvidamos que vivimos, aunque sea como el reptil.
Reflexionamos que la vida es
corta y como pasa el tiempo, sin darnos cuenta que nos hemos olvidado de lo
principal: “vivir”.
Sentimos muy pocos ratos de la
misma, y en muchos menos somos conscientes de nuestra posición dentro del mundo
y solo somos espectadores, donde las conclusiones que sacamos son muy pobres.
No hemos sentido el latido de
nuestro corazón, ya ni que decir de nuestra respiración y cuando, nosotros,
estamos comiendo.
A pesar de todo seguimos diciendo
que todo pasa muy rápido. Como si fuera un producto de consumo como una película que no hemos sentido, ni
digerido
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