Cuando llega el verano se produce
un fenómeno, el sol se encuentra más cerca de la tierra y produce calor. Pero
esta normalidad afecta a los seres humanos en la medida que surge la
irritabilidad. Si comparamos con un ascensor para cuatro personas, que se queda
bloqueado en mitad del recorrido podemos comprender la sensación de ahogo que
se va produciendo por segundos y solo es necesario para que una de las cuatro
personas, detenidas, genere una sensación de la misma, como la pólvora, se
transmite a las otras personas. Se genera un pánico, que hace que muchas
personas no superen este trauma, a lo largo de su vida.
Esta subida de temperatura afecta
a nuestra psiquis, produciendo hasta violencia, las discusiones son mayores y
se generan roces antes no previstos.
Es curioso porque la chispa, de
la misma, esta latente y falta muy pocas cosas para que se active y produzca
situaciones no deseadas.
Igual que la temperatura corporal
aumenta cuando tenemos una infección, nuestra cabeza funciona de una saturación
de pensamientos guardados, cambiados a campos de cultivo de intolerancia.
El agua cumple una función
refrescante, eliminar todo eso que produce nuestra tensión es el refrigerante
necesario para ello.
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