miércoles, 27 de julio de 2016

LA DESACTUALIZACIÓN




Cuando hablamos de la edad de las cosas, nos fijamos en el grado de deterioro o desactualización. Sin embargo hay cosas que perduran con una gran majestuosidad, a pesar de los materiales empleados.
Es nuestro afán consumista el que hace que lo que hoy vale tenga una caducidad de dos años, para quedarse obsoleta.
Cuando miramos los arcos de un acueducto, romano, por ejemplo vemos la sencillez y la utilidad que tuvo durante tantos años y hoy sigue en pie, piedra sobre piedra sin argamasa o cemento que le de consistencia. Evidentemente las cosas cambian y hoy estaría obsoleto, pero es una reflexión sobre la necesidad de la prisa de la evolución, se nos acaba la vida. Y es en esa vorágine que nos forma un bloque que puede transformarse, en angustia.

Sentimientos de rechazo, de no soportar a las personas que te rodean. Si vamos atando cabos entendemos el comportamiento de la sociedad que pertenecemos y somos. Pocos son los que luchan con su ejemplo, sin tener que convencer que tienen la verdad en sus manos, pues eso daría pie a intentar transformar la sociedad en otra según nuestros esquemas. Cosa altamente peligrosa, por todo lo que conlleva hacerlo.

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