El
periódico, electrónico, abre las primeras noticias que recibe en la mañana.
Como un ritual después de abrir los ojos toma el contacto con la actualidad, el
panorama que se abre ante Juan, cada día no es muy alagador y si un bastante
frustrante. Allí aparecen noticias de
conflictos, internacionales y nacionales, accidentes y escándalos de todo tipo
que dejan un regusto amargo parecido al de la bilis, que segrega nuestro hígado
y hay un reflujo hacía la boca.
Esta
nausea, hecha día tras día, va haciendo un surco en nuestros pensamientos, que
de alguna manera, impiden que nos encontremos bien. Que su día comience con la
esperanza de iniciar algo nuevo, aunque la rutina de los quehaceres sea la
misma. Las funciones serán iguales pero nunca como sentirlas, esa es la gran
diferencia que nos hace pasar de ser, espectadores a actores.
Juan
en sus actos sistemáticos, realizados de una manera automática, se encuentra en
está zanja. Sin darse cuenta que es él, quien la ha trazado y labrado.
Ahora
Juan tiene que plantearse que si quiere cambiar su vida tiene que cambiar sus
hábitos y, quizás, su manera de despertar frente a unas noticias que le
empobrecen, mucho.
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