La cañada es angosta en este
punto de la geografía, los matorrales compiten por el espacio abierto, lo que
reduce la misma.
Hace tiempo que se dejo de utilizar
y por eso, transitar, por ella, se hace más penoso. Ya no pasan las ovejas y
las cabras de los pueblos cercanos, ya están en vallados a la sombra de algunos
árboles que dirigen sus ramas hacía arriba, para que el ganado no se las coma.
El queso de la zona es muy
preciado y se elabora a partir de estos dos ganados.
La carretera hace olvidar los
pasos interiores y solo algunos excursionistas, en época de vacaciones,
recorren los mismos. La vegetación ha dejado de ser artículo comestible y por
eso se expande por todos los rincones. El paso de los tractores también se ha
restringido, precisamente por la orografía
y el mejor dar un rodeo en busca del asfalto a no quedar atrapado, sino se va
completamente atento.
En verano se disfruta de las
sombras que dan las montañas circundantes y en invierno dan cobijo del viento.
El agua se filtra entre las mil y una rocas, para dar fuerza a todos sus hijos.
La cañada sigue estando viva.
No hay comentarios:
Publicar un comentario