lunes, 11 de julio de 2016

LA CALMA, APARENTE




Con la calma, aparente, pasa de una parte de la oficina a la otra. No se une a los pasos rápidos de sus compañeros. Donde quieren ir a la misma velocidad que tienen a las conexiones eléctricas.
Juan sigue su camino, sin la necesidad de la premura, aunque él también la tenga. Sus pulsaciones pueden que ser las mismas que el resto de trabajadores, pero Juan sabe distribuirlas de otra manera. Quizás cometa menos errores, que emplean más tiempo. Pero esos movimientos lentos le dan un comportamiento de reflexión, dentro de la dinámica generalizada.
Su trabajo lo tiene que cumplir en pocos minutos, el cliente quiere respuestas ágiles y soluciones, para eso las paga, es el sentimiento de sus intercomunicadores. Lo cual hace que muchos trabajadores renuncien al trabajo, por no soportar una tensión que no está en sus manos, sino depende de otras instancias, pero la presión se lleva con quien le atiende con nombre y apellido. Con ello llegan las quejas y la separación del servicio tras haberles sido avisados.

Juan es experto en ver marchar compañeros, el lo sufre pero ha aprendido a gestionarlo de otra manera. Eso le vale el reconocimiento de todos los que quedan.

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