Juan vuelve al barrio donde nació,
hace cincuenta años y del que salio cuando contaba veinte años.
Es domingo y quiere descubrir su
pasado, por ello empieza temprano queriendo que los sitios y las piedras le
hablaran, pues la gente es escasa, dada la hora y el día.
Observa cambios en locales, que
ya no son los que el recordaba, edificios que han modificado su estructura
exterior, pero siguen indicando donde se encuentra. A cada lugar le recuerda
algún sentimiento vivido, pero el tiempo pasado ha puesto nuevas capas en su
disco duro, el de su cerebro.
Las pocas personas con las que se
encuentra no tienen nada que ver con antaño.
Sus amigos ya no vivirán donde vivían.
Los pocos coches no le dejan tampoco recuerdos y el portal donde vivía aquella
chica a la que persiguió durante tantos días, sin atreverse a decir que le
gustaba, aparece diferente. En su mente la pregunta de que habrá sido de ella. Y
sus achaques por no haberla dicho, como se sentía por ella. La panadería, donde
compraba el pan todos los días ya no existe. Donde se reunía, ahora es sitio para otros emigrantes que sustituyeron, a los
nativos originales.
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