Después de reflexionar sobre
cosas transcendentes. Juan se da cuenta que es como si revisara los pilares de
un gran edificio, construido cada día. Siente que si modifica algún pilar, el
edificio puede caerse como un castillo de naipes. Esto genera mucho miedo, pues
si se cae, se podría producir la destrucción personal, como encontrarse sin
valores.
Lo que no sabe Juan es que si se caen unos se
levantan otros y el edificio sigue su ritmo, menos alto pero seguramente más
adaptable a sus necesidades. A veces, como cuando se compra una vivienda buscas
el que tenga espacio, para seguir el consejo del refrán que dice: “que más vale
que sobre a que falte” y se consigue una casa un tanto grande, según las
posibilidades de cada uno, pero con el tiempo las necesidades son menores, convirtiéndose
las habitaciones que no se usan en monumentales trasteros de cosas: “por si,
hace falta”. Existen por tanto cambiar de edificio que hemos construido y sobre
el solar comenzar uno nuevo a nuestra medida. Donde las cosas importantes se
distribuyan de otra manera, adaptada a nuestras necesidades actuales, no las
que tuvimos hace años.
Al aligerar de peso nos sentimos
más ligeros.
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