Cuando te piensas que posees
muchas o pocos cosas. Es entonces cuando te das cuenta que no te pertenece
nada. Es tontería la preocupación por poseer. Todo lo que tenemos es prestado,
en cuanto a cosas materiales.
Solamente en el momento que te
vas de este mundo es cuando comprendes las bellezas que has tenido a tu lado y
tu visión sesgada solo ha llegado a ver, el dinero.
Despreciando el sol, las nubes,
el frío, el calor y toda la vida que te acompaña. Y que tu razón que es la
misma que rige en la sociedad, te amolda a un sentido un gusto, que por
supuesto no es el tuyo.
La dualidad de vivir dos vidas
diferentes. Una que se llama realista y otra espiritual. Tan difícil de mezclar
como el agua y el aceite.
Desde que despertamos tenemos que
decidir, o abrir los ojos o seguir en el espacio onírico.
Nosotros siempre elegimos, por
ello aun estando en las condiciones más deplorables podemos sacar esa pequeña
flor que siempre nace. Y solo tenemos que buscar para encontrarla y que todo
tenga sentido y llenemos nuestra vida de un impulso que nos hace ser mejores
personas, aquí ahora.
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