jueves, 10 de noviembre de 2016

TODOS LOS DÍAS, AL CAER LA TARDE




Todos los días al caer la tarde un banco del parque es ocupado por la misma persona. No le importa las cagadas de los pájaros que le dotan de lunares al marrón de la pintura. Permanece en el mismo durante una hora, por supuesto va variando según los días se acortan o alargan, dependiendo de la estación.
Si, el banco esta ocupado se pone sentado apoyado en un árbol pero siempre frente al oeste donde se mete el sol. Aunque este nublado o lloviendo dedica su tiempo en hacer este ritual.
Por supuesto que los habituales del parque, no les ha pasado desapercibido, pero nunca le han preguntado. El banco está ubicado a espaldas del paseo, por ello mantiene una cierta privacidad.
Una vez caído el sol, o llega la falta de luz directa. Se levanta y vuelve hacía su casa.
Siempre ha habido personas por preguntarle por su ritual, pero no ha invitado a trabar dialogo. Así el misterio queda sin resolver.
No mira el reloj pero sabe el tiempo que pasa y es en torno a sesenta minutos. Su silencio, sin nada que le distraiga, es su compañía.

Hasta aguanto una ventisca de nieve, con sus manos recogidas.

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