El barco se pierde por el
horizonte, pesado y piensa que estará mucho tiempo ante nuestra
vista. Pero existe un momento en que desaparece como tragado por el mar. Se
mira hacía todos los lados pero su imagen se ha diluido como el liquido, donde
flota.
Juan intenta buscar cuanto tiempo
ha distraído su visión de la mente. Pero apenas ha podido ser un par de minutos,
como hacerlo desaparecer ante un cielo raso, luminoso.
Observa otro mercante que inicia
su salida. Pensando que está vez no se le escapara, de su visión. Pero la monotonía
hace que su mente comience a moverse y el trazado del navío se pierda.
Juan no comprende como ha vuelto
a suceder y vuelve a tomar la referencia de otro.
La situación se repite y otras imágenes,
mentales, distraen la atención de la línea marítima.
Por fin se levanta y abandona la
idea del seguimiento. Cuando se ha intentado en tres ocasiones y la distracción
ha aparecido, será por algo.
En su caminar cerca del mar,
observa por el rabillo del ojo otro coloso transporte, pero ya abandona la idea
del seguimiento. No quiere distraerse y
sus pasos dirigen su vista hacía ellos, solamente.
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