Estando dentro del aula, Juan
acude cada día, a un curso de formación, durante dos meses, por necesidad de la
empresa donde trabaja.
De primeras no le sentó muy bien el
acudir a una formación fuera de su horario laboral y menos que no sea cobrado,
donde tienes que asistir porque sino quedaras fuera del nuevo puesto de
trabajo.
Juan decide cambiar el chip y
entender que lo que aprenda será para bien. Pero el lenguaje y el objetivo no
es lo que él desea, por ello se hace poco llevadero.
Su mente se ha cerrado para
recibir la información, por ello le surgen muchas dudas que va preguntando al
profesor de turno, no le importa aparecer como el alumno pesado, pero Juan
llega a serlo.
Uno de sus compañeros se lo
indica y le explica que no es por falta de entendimiento sino que no pone interés,
por ello se despista y no toma el sentido de lo explicado.
Juan lo agradece, porque no ha
sido incisivo pero si reflexionante y es desde ese momento donde pone
entusiasmo.
Curiosamente la cosa cambia, ya
el profesor no espera la pregunta retórica, siempre realizada por el mismo
alumno. Avanzan más.
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