Alguien llama a la puerta pero a
la hora de abrir, no hay nadie delante, Quizás sean los niños que están
jugando, piensa Juan.
No pasan dos minutos cuando el
timbre vuelve a sonar. Ya su cara se va amargando y es de pocos amigos. Vuelta
a abrir y mismo resultado.
Ahora es un minuto y vuelta a
sonar. Ya Juan sale de casa y mira en los alrededores pero nadie esta próximo.
Termina de entrar y de nuevo el
sonido. Abre deprisa pero ni rastro. Se queda esperando en el quicio de la
puerta, mirando hacía uno y otro lado. Es un día de lluvia y a penas pasan
personas por la calle.
Cierra la puerta y vuelve a
sonar. No puede ser, nadie es tan rápido para desaparecer.
Enfrente cuatro muchachos dentro
de un coche rojo, con sus teléfonos en la mano ríen una y otra vez. Han
conseguido bajar una aplicación informática que permite hacer sonar el timbre
de la puerta de quien quieran en un
radio de cien metros. Consiguen hacer perder los nervios hasta de las personas
más templadas. Su diversión consiste en ver perder los papeles a cualquiera y
hacerlo pulsando en el móvil.
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