A veces piensas que los pequeños
gestos no valen para nada. Es otoño vas al campo y recoges unas castañas con la
idea de plantarlas, tomas un puñado de ellas y con la ayuda de una azadilla
eliges los sitios donde excavar. Te planteas si germinan y te cuestionas si
llegaran a tener el tamaño de sus
progenitores. Pero siempre te aparecen las dudas de si llegaran, siquiera a
germinar. De hecho recuerdas esa maravillosa frase que dice: “si supiera que
mañana moriré, yo plantare un árbol”.
El planteamiento de si las
pequeñas cosas tienen mucha o poco audiencia, no es motivo para que tú no hagas
lo que crees que debes hacer.
Si solo hiciéramos lo que es
importante, dejaríamos en el camino un montón de cosas sin realizar. Por tanto
ya es razón suficiente para plantar esa castaña o ese decir: “Buen día”. Donde
hay cargada mucha esperanza, el fruto no lo veremos en mucho tiempo, pero la
acción es el motivo más importante.
El mundo se mueve por acciones y
no precisamente por inacciones.
Por ello ya tenemos muchos
motivos para actuar, precisamente en las cosas más pequeñas, esas que crean
motivación.
El objetivo es el ahora.
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